3: Aventuras en Kayak
Desde mi sobre de dormir calentito yo podía ver el sol lentamente cambiando los colores del horizonte sobre la bahía. A medida que el cielo cambiaba de negro a azul marino, yo miraba las estrellas aún tintineantes y oía el ulular de los buhos somnolientos. Los pájaros costeros empezaron a sacudir sus plumas y adespertar a los vecinos cuando los morados y rosas pintaron el azul. Finalmente, Patricia y yo nos sentamos para ver al sol amarillo aparecer por detrás de las colinas y a los pelícanos planear por la playa que había sido nuestro hogar esa noche.
"¡Levantémonos y salgámos a remar tempranito! " exclamó Patricia. "Quiero ver a los tiburones bebés otra vez."
Patricia y yo estábamos acampando via kayak con nuestras amigas y amigos en el Parque Nacional Punta Reyes, uno de mis parques preferidos en California. ¡Éra nuestra última oportunidad de acampar con nuestras amigas y amigos antes de partir en nuestro gran viaje y estábamos pasándolo de maravillas!
"¿Creés que alguien más quiera ir?" pregunté. "Todavía es un poco temprano y está un poco fresco," agregué, cobijándome el cuello con el sobre de dormir.
Luego de estirar los músculos un poco sobre la arena y buscar unos bocaditos para el desayuno, éramos cuatro que salimos en dos kayaks sobre la quieta bahía: Matt, Anna, Patricia y yo. Remando hacia la boca de la bahía, era emocionante pensar que estábamos flotando por encima de la falla de San Andreas. Debajo del agua turbia dos platos tectónicos se chocan lentamente casando terremotos, creando montañas y valles como el que la Bahía Tomales llena.
Nuestro destino era la Isla Cerdo, una reserva natural en el medio de la bahía. ¡Al acercarnos hicimos silencio y dejamos de remar para que los animalitos no notaran nuestra presencia! La última vez que visitamos ésta isla vimos un tiburón leopardo bebé. Al principio notamos su aleta que sobresalía del agua llana. Luego, saltó del agua, mostrándonos su panza blanca. Cuando cayó al agua y nadó por debajo de nuestros kayaks, pudimos ver sus manchas negras de leopardo. Desde ésa vez Patricia ha estado ansiosa por volver a ésta isla a encontrar más tiburones bebés.
Fuí la primera en divisarla: una cabecita saliendo del agua.
¿Es una foca? me preguntó Matt. Es cierto que nos habíamos encontrado con varias foquitas curiosas en el camino que sacaban la cabecita para mirarnos con sus grandes ojos cafés. Pero no, ésta era diferente.
Silenciosamente, metí mi remo en el agua para acercarnos un poco más y ver mejor al animal. Éra peludita, pero lisa y con cola gruesa y larga. ¡Emocionada, me dí cuenta que era una nutria de rio! Uno de mis animales favoritos. Había visto algunas en el zoológico de San Diego, pero jamás una en su habitat natural. ¿Qué hacía esta nutria aquí en el agua salada de la bahía? me pregunté.
Estábamos tan quietos y callados que la nutri no notó nuestra presencia por largo rato. La observamos nadar en círculos, zambullirse buscando comida y al final subirse a la costa rocosa. De repente se dió cuenta que no estaba sóla. Se quedó quietita, mirando a los estraños animales que flotaban sobre el agua-nosotros- y luego trepó el cerrito y desapareció.
Flotando alrededor de la isla vimos pelícanos, cormoranes,y hasta algunas garzas. Nuestra amiga Anna divisó una raya nadando entre las plantas acuáticas. Al final nos dimos cuenta que se estaba haciendo tarde y volvimos remando al campamento para desayunar. Me despedí en silencio de la nutria al alejarnos. No habíamos visto tiburones, pero recordaré este día como el día que vimos una nutria de rio.
Remando de regreso, nos dimos cuenta que nuestras amigas tenían algunas visitas-¡grandotas y de cuatro patas! nuestro pedacitode playa había sido invadido por vacas deambulando por la arena y bebiendo del agua. En ese momento me dí cuenta que había enormes bostas de vaca sobre la arena y flotando en el agua. ¿Qué hacían estas vacas en nuestro parque nacional? Con sus enormes patotas y su gran producción de bosta estoy segura que su presecia no es buena para el medio ambiente...
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