19. ¡Chocolate!
20. Guayaquil
21.La Amazonía

17: En las Alturas de los Andes

Los Andes se extienden del sur de Colombia hasta la punta de Chile en una cadena de montañas y volcanes que se alzan entre las nubes. Amante de las montañas, hacia mucho tiempo que yo las quería ver. Entre Navidad y Año Nuevo pasamos toda la semana explorando los Andes de Ecuador.

Nuestro primer destino fue el pueblo de Machachi. Allí nos encontramos con una amiga de California. Heidi había estado en Ecuador varios meses, estudiando español, haciendo trabajo voluntario y visitando amigos ecuatorianos. La familia con la que ella se estaba quedando nos recomendó que fuéramos al pueblo de Baños de Agua Santa. Así que ese mismo día partimos rumbo a ese pueblo de baños térmicos ubicado en la base del Volcán Tungurahua.

Cuando llegamos el pueblo de Baños estaba lleno de familias ecuatorianas que estaban de vacaciones. Sin embargo, en cuanto emprendimos por uno de los tantos senderos por las montañas toda la gente se esfumó. Los senderos subían las laderas empinadas en todas las direcciones. El primer día nos costó subir. Nuestras piernas protestaban y por la altura nos daba la impresión de que nos faltaba el aire. Pero las vistas desde arriba eran impresionantes. El pueblo parecía chiquito al fondo del valle angosto y podíamos divisar las cimas de las montañas, una tras otra hasta perderse de vista. La más alta de todas era la cima del volcán que se escondía detrás de las nubes.

Tungurahua todavía está activo. Don Juan, el dueño de nuestro café preferido, nos contó de su última erupción. Todo el pueblo tuvo que evacuar por miedo de ser enterrados por la lava ardiente. Algunas personas se fueron a vivir con sus familiares en otros pueblos. Sin embargo, había mucha gente que no tenía a donde ir cuando la evacuación se extendió por un mes, dos meses y ¡hasta tres meses! En vez de irse del todo Don Juan se juntó con otras familias para armar campamento en las laderas del otro lado del valle para vigilar lo que pasaba.

"Todas las noches," nos relató, "podíamos ver el rojo reluciente que salía del volcán. Teníamos miedo de que en cualquier momento explotara de verdad y viéramos desaparecer nuestras casas...pero, nunca sucedió. Por fin, nos cansamos de estar refugiados de nuestro pueblo y luchamos para que las autoridades nos dejaran regresar a nuestras vidas y negocios."

Cuando nosotras estábamos en Baños, el volcán Tungurahua estaba tranquilo. Sin embargo, en días despejados podíamos ver un delgado hilo de humo saliendo del cráter avisando que el volcán si sigue con vida.

Al final de la semana visitamos otro volcán activo que dicen es ¡el volcán activo con el pico nevado más alto del mundo! Cotopaxi está rodeado por un parque nacional enorme que tuvimos que atravesar en camioneta para llegar hasta la base del volcán. Después, seguimos subiendo hasta el último estacionamiento desde donde tuvimos que caminar.

El sendero que conducía al refugio estaba cubierto de nieve. ¡Hacía frío! Yo tenía puestas todas las camisas que me pertenecían unas encima de las otras. Además, la altura extrema nos dificultaba la respiración. Sin embargo, el día anterior Patricia había leído y releído todas las sugerencias para subir a las alturas sin sentir el "soroche", como le dicen al mal de la altura en Ecuador. Nos sugerían estar en buena forma, beber mucha agua, evitar al alcohol y la cafeína, dormir bien la noche antes y comer muchos carbohidratos para darle al cuerpo la energía que necesita. Mientras que otras personas en nuestro tour sentían mareos y náuseas, nosotras subimos con energía, maravilladas del paisaje. De vez en cuando se apartaban las nubes para revelar la cima, pero momentos después la tapaban de nuevo. El clima era muy cambiante. ¡Cuando por fin llegamos al refugio empezó a nevar!

Escalar hasta la cima misma es peligroso y requiere destrezas bien desarrolladas en montañismo. Las personas que lo desean hacer, primero llegan al refugio el día antes para acostumbrarse a la altura. Hay dormitorios rústicos para dormir antes de levantarse a medianoche para emprender viaje hacia la cima. Se tiene que empezar tan temprano y en la oscuridad de la noche por el clima. La parte más difícil y peligrosa es el último trecho de la subida a la cima. Para poder subir y después bajar en forma segura se tiene que poder ver bien. Sin embargo, las nubes casi siempre tapan la cima del volcán poco después del amanecer. Así que tienen que llegar tempranito para poder subir y bajar ese trecho peligroso cuando ni la oscuridad ni las nubes impiden la visibilidad.

Nosotras no teníamos ni el interés ni las destrezas para conquistar la cima del volcán. ¡Nomás llegar al refugio que está a 4,800 metros de altura era lo más alto que yo jamás había subido!

Bajar fue divertidísimo. Casi no podíamos ver por la neblina mientras que nos tiramos cuesta abajo a saltos por el sendero de arena y nieve. Cuando llegamos de vuelta a las camionetas, las otras personas del grupo iban a bajar la montaña en bicicleta. Nosotras decidimos caminar para poder apreciar mejor el paisaje. Cuando emergimos de la neblina podíamos ver el páramo en el valle abajo. El páramo es un tipo de pradera alta de pastos y plantas resistentes al frío, calor y viento. A mí me encantaron los tonos de rojo, café y amarillo del páramo con las siluetas dramáticas de los volcanes detrás.

No salimos del parque hasta el atardecer. Al fin del día se despejó la cima, dándonos una vista completa del Volcán Cotopaxi. Pedimos al chofer que parara la camioneta para salir del auto a tomar fotos. Mientras que Patricia se enloqueció con las fotos, yo contemplé la vista impresionante. ¡Realmente estábamos en los famosos Andes!