7: Santiago Atitlán
Lago Atitlán es un hermoso lago en los altos occidentales de Guatemala. El lago es un gran cráter que fue creado por una enorme erupción volcánica antes de la historia de los seres humanos. Todavía hay siete volcanes que rodean el lago al igual que muchas montañas empinadas. Gracias a estas montañas empinadas, los españoles tuvieron más dificultad en conquistar a las comunidades maya de esta zona en los años 1500. Tal vezésta es una de las razones por la cual tantos pueblos mayas han mantenido sus culturas e idiomas a través de los cambios de los siglos. Santiago Atitlán es uno de los pueblos maya más grandes de Guatemala. La mayoría de las familias hablan el antiguo idioma Tz'utujil y aprenden el español en la escuela.
Panabaj, un pueblo al lado de Santiago Atitlán, fue una de las comunidades más afectadas por el Huracán Stan. La lluvia incesante de muchos días fue llenando un lago que se había formado cerca de la cima del Volcán Tolimán. El peso del agua hizo que de repente se derrumbara la pared del lago causando el alud que arrastró lodo, rocas y árboles por la empinada pendiente. Mucho de Panabaj fue destruido dejando a muchas familias sin casa, asustadas y sumamente tristes a raíz de la muerte de sus familiares y personas amigas. Nuestras amigas y amigos Guatemaltecos nos dijeron que podríamos ir a Santiago Atitlán a ver cómo podríamos ayudar luego del desastre.
Cuando llegamos nos llevó un par de días orientarnos. Después de un desastre hay mucho que hacer rápidamente¡y coordinar los diferentes proyectos es un gran desafío! Decidimos trabajar con una organización comunitaria que formaron algunos damnificados del deslave que sabían mejor que nadie cuales eran las necesidades de su comunidad. Lo primero que hicimos fue ayudar a hacer un censo de Panabaj. La organización quería saber cuantas personas habían perdido sus casas, quien había muerto a raíz del desastre, si había desaparecidos y enfermos ó heridos. Toda la información ayudará a la comunidad a luchar por sus derechos para que cada familia reciba la ayuda que que necesita para rehacer sus vidas.
Trabajar en el censo fue un desafío. Era difícil saber que decir cuando una persona nos decía que había perdido la mayoría de su familia y todas sus pertenencias en el desastre. No podíamos hacer nada concreto para eliminar su sufrimiento. Pero el compartir las historias con alguien que escucha con atención y compasión puede alivianar el dolor. Así que Patricia y yo escuchábamos con nuestra mente, cuerpo y corazón. Y fuimos algunas veces a visitar a la gente más afectada a los alberques donde estaban viviendo. Aunque no siempre podíamos comunicarnos bien - no hablamos Tz'utujil y muchas personas de las que conocimos hablaba poco español - nuestra presencia mostraba nuestro cariño.
A veces pudimos compartir momentos de pura alegría. Como la vez en que Concepción, una mamá llena de tristeza por la muerte de sus tres hijos, nos ganó cuatro veces a las cartas y se rió con nosotras por primera vez. Y a veces podíamos dar información útil sobre donde ir para recibir donaciones de comida y otros tipos de asistencia. Varias veces acompañamos a personas al centro de salud que tal vez no se hubieran sentido cómodas yendo a ver al médico solas.
Éstos eran pequeños pasos luego del gran desastre, pero estuvimos ocupadas durante nuestra estadía de 2 semanas y se sumaban a los esfuerzos de muchas otras personas. Especialmente en tiempos de desastres e injusticia es importante trabajar junto a otras personas dedicadas. Juntos podemos hacer lo que solas jamás podríamos. |