9: ¡Tortugas!

Al descender la montaña hacía cada vez más calor. De a poco me fui sacando capas de ropa hasta que tenía puesto sólo una veraniega camisola. A mi lado, la pequeña Ixchel dormía en su sillita de bebé, su flequillo se le pegaba a la frente y sus nuevas sandalias violetas le colgaban de los dedos de los pies. Íbamos a la costa pacífica con nuestros amigos Jameson, Rogelia y su hijita de un año y estábamos contentas de ir a ver una nueva zona del país.

Pasando por las llanuras de la costa vimos kilómetros y kilómetros de plantíos de caña de azúcar antes de llegar a la playa. Habían montañitas de cocos a la venta en la orilla de la ruta, y atados de ajonjolí secándose en lo campos. Llegamos a la casa en la playa de la familia de Rogelia al atardecer cuando los mosquitos estaban bien activos. Corrimos a la orilla del Océano Pacífico para ver a los pelícanos planeando frente a la puesta del sol y para tratar de escaparnos de los mosquitos. Fue cuando nos dimos vuelta para volver a la casa que vi los dos tortugarios. Un tortugario es un área cerrada en la playa que protege los nidos de huevos de tortugas marinas y personas encargadas vigilan el nacimiento de las tortugas.

Las tortugas marinas son animales increíbles. Luego de salir de su huevito nadan largas distancias en el océano por un mínimo de siete años antes de regresar a la misma playa donde nacieron para poner sus propios huevos. ¡Los científicos todavía no saben cómo pueden hacerlo! Lamentablemente en los últimos treinta años las tortugas han estado cada vez más amenazadas por los seres humanos, incluyendo el enredarse en las redes de pesca y problemas de salud causados por la polución del agua. Pero, el problema más grande que tienen las tortugas marinas es el de la seguridad de sus nidos.

A medida que van creciendo las poblaciones humanas, la gente tiene que encontrar más lugares donde vivir y trabajar. Muchas playas que fueron remotas y salvajes ahora tienen pueblos y ciudades cerca. Los perros y el tráfico por éstas playas amenazan a las tortugas marinas y a sus huevos delicados. Además, mucha gente mantiene a sus familias vendiendo huevos de tortugas ya que son una especialidad en restaurantes de lujo. La combinación de éstos tres factores ha hecho que las tortugas marinas estén en vía de extinción. Muchas familias, comunidades y organizaciones internacionales han construido tortugarios en respuesta a ésta crisis. El esfuerzo de todas éstas personas trabajando juntas ha ayudado a que las tortugas vuelvan.

En el tortugario que la familia de Rogelia ayudó a construir, vimos filas con números plantados en la arena. Rogelia nos explicó que cada número marcaba la posición de un nido. Los huevos no fueron puestos ahí por la mamá, sino que los trajeron al tortugario para protegerlos y vigilarlos.

En la tarde que llegamos había un nido de ochenta huevos a punto de reventar. ¡Patricia y yo estábamos súper emocionadas! Después de cenar, cuando las estrellas ya brillaban sobre el océano y las luciérnagas voleteaban entre los árboles, tomamos nuestras linternas y nos fuimos al tortugario. Espiando adentro del hoyo, sin alumbrar demasiado, vimos dos tortuguitas al fondo dando vueltas con sus aletitas. El nido estaba empezando a reventar.

Don Juan, el encargado del tortugario, nos dijo que cada nido puede tener hasta 100 huevos. Cuando las tortuguitas salen del huevo, lo primero que tienen que hacer es desenterrarse de la arena pesada. Si nos quedáramos un rato a mirar, nos explicó, tal vez veríamos otras tortugas saliendo de la arena.

Felizmente aceptamos un turno de vigilancia ésa noche para ver como iban las tortuguitas. Recostadas en las hamacas, haciendo cuentos y tratando de evitar a los persistentes mosquitos, esperamos a que llegara la medianoche. Por fin había llegado la hora. Aún estaban las dos tortuguitas dando vueltas y vueltas, y debajo de ellas, una cabecita y una aletita empezaban a salir. Los bebés habían empezado a nacer, pero todavía quedaban muchos más esperando en sus huevitos. Nos fuimos a la cama contentas y preguntándonos que veríamos en la mañana.

Al llegar la tarde del próximo día todavía no habían nacido todas las tortugas. De madrugada Don Juan había librado las pocas tortuguitas que habíamos visto y algunas más, pero estaba preocupado por el resto. Si se demoraban demasiado en desenterrarse, las hormigas y lombrices podrían comérselas. Decidió que ya era hora de desenterrarlas cuidadosamente y sacarlas una por una. Nuestro amigo Jameson vació el nido y lentamente empezó a llenar el balde rojo de tortuguitas somnolientas. ¡Un total de cincuenta y siete!

Esperamos varias horas para liberarlas porque necesitaban un buen rato para despertarse. Tienen que tener mucha energía para sobrevivir su primer viaje al mar. Las liberamos al atardecer. Fue muy emocionante verlas deslizarse por la arena con sus aletitas, dejando estelas sobre la playa. Y de a poquito llegaron al borde del agua, enfrentándose a todos los peligros, aventuras y placeres del mundo subacuático del océano.

"¡Adiós tortuguitas!" les dijimos. "¡Buena suerte! ¡Y no se olviden de volver!"

¡Haz "click en el televisor para ver un mini-video de las tortugitas!