11: Volviendo a Casa
Al acercarnos a la frontera entre Honduras y Nicaragua yo me sentía cada vez más emocionada. Luego de varios días de viaje por fin estábamos cerca de mi segundo hogar: Pueblo Nuevo, Nicaragua. Después de pasar por la aduana, nos subimos a un bus local que seguía por la ruta Panamericana y señalé paisajes conocidos que aparecían por la ventana. En la entrada a Pueblo Nuevo nos bajamos del bus para viajar los últimos 13 kilómetros al pueblo.
Recordé la primera vez que llegué a éste cruce, con bolsos llenos de todas mis pertenecias y sintiéndome nerviosa por las aventuras que me esperaban viviendo en un pueblito en el extranjero por dos años. Muchos estudiantes de los Estados Unidos conocen esta misma emoción de irse a vivir a un país diferente, la tristeza de dejar amistades y parientes y los nervios de aprender un nuevo idioma y de adaptarse a una nueva cultura. Yo sentí todo eso cuando llegué a este pueblito en las montañas. ¿Me podré comunicar lo suficiente bien con el español recién aprendido? ¿Podré conocer nuevos amigos? ¿Seré una voluntaria exitosa? Éstas eran las cosas que me preguntaba.
Como voluntaria del Cuerpo de Paz fui asignada a enseñar sobre el medio ambiente en las escuelas públicas de Pueblo Nuevo. Mi primer año fue un desafío. Me cansaba el enseñar en mi segundo idioma, fue duro conocer nuevo amigos y extrañaba mucho. Pero al mismo tiempo, disfruté las aventuras de la vida en un país extranjero y el aprender un nuevo idioma. Al correr del tiempo, empecé a querer mucho mi nueva comunidad; mis vecinos simpáticos y los niños y niñas que venían a mi casa a leer de tarde.
Al final de mi primer año ya sentía que Pueblo Nuevo era si segundo hogar y me sentía contenta por haber aguantado los desafíos del principio. Mi relación con los niños del barrio se convirtió en un hermoso proyecto de trabajo con la comunidad para construir una biblioteca infantil. Juntos ~ niñas, niños, jóvenes, madres y padres ~ despejamos el terreno, construimos las paredes y pintamos los muebles de alegres colores. Contraté a dos bibliotecarias, Irma y Nolvia, de quien me hice buena amiga luego de pasar mucho tiempo juntas diseñando los programas y trabajando con tantos niñas, niños y jóvenes que venían a la biblioteca.
Cuando terminaron mis dos años en el Cuerpo de Paz no me quería ir de Pueblo Nuevo para volver a los Estados Unidos. Alargué mi servicio un par de meses, pero llegó el día triste de despedirnos a los vecinos y amigos que se habían convertido en una segunda familia para mi. Afortunadamente, la despedida no tenía que ser par siempre. He seguido en contacto con mis amigas y amigos nicaragüenses por carta, llamadas de larga distancia y correro electrónico. Pero lo mejor es que he podido volver muchas veces para visitar y seguir trabajando con la biblioteca. Pero éste viaje iba a ser muy especial: primero porque me iba a poder quedar más de una semana y segundo, porque Patricia y yo veníamos como invitadas especiales de la primera graduación del preescolar de la biblioteca.
Patricia y yo llegamos a Pueblo Nuevo cuando todos estaban ocupados con los preparativos finales para la fiesta de graduación. Irma y nolvia estaban ocupadas haciendo los últimos arreglos con el ministerio de educación, planificando el orden del programa y organizando a las tantas mamás para limpiar y decorar la biblioteca. Osmara, la hija de Irma, se iba a graduar del preescolar este año. Asi que su casa estaba llena de parientes emocionados y pasamos todo el día rodeadas con los preparativos o en la biblioteca o en casa.
Las familias de los alumnos del preescolar decidieron que querían que las ceremonia de graduación fuera muy especial para conmemorar la gran labor de las bibliotecarias y de la comunidad en este primer año del nuevo programa. Decidieron que querían que los alumnos visitieran pequeñas togas. Quedaban tan lindos haciendo fila afuera de la oficina del Ministerio de Educación con sus togas y sombreros de rojo oscuro y aferrándose de las manos de sus parientes. Lentamente, todos desfilamos por la polvorienta calle principal, saludando a los vecinos y amigos al pasar hasta llegar a la biblioteca.
La ceremonia fue maravillosa. Varias personas dieron cortos discursos (yo incluída) para felicitar a las bibliotecarias, padres de familia y alumnos por un años exitoso. También animaron a la comunidad para que sigan trabajando juntos para que el programa se fortelezca y crezca. La parte que más me gustó de la ceremonia fue cuando los alumnos se pararon para cantar. Nolvia le dio el micrófono a la pequeña Francis para que ella empezara a canta "Nicaragua Linda" con sus compañeros sin la ayuda de música a fondo ni de las bibliotecarias. ¡Nunca había visto preescolares cantando con tanta seguridad! Los alumnos habían cambiado mucho desde que yo los había visto al principio del año escolar.
Hubo fiesta después de la ceremonia con comida, pastel y niños animados correteando por el patio. Cuando la útlima familia se había despedido contentos, todos nos caímos del cansancio. ¡Qué día! ¡Qué año! A pesar de los los obstáculos y desafíos, el preescolar había sido todo un éxito. Volviendo a casa hablamos de cuales habían sido las partes que más nos gustaron de la cremonia y reímos de lo cansadas que estábamos. ¡Sin embargo, a la mañana ya estábamos de vuelta en la biblioteca entusiasmadas por empezar los planes para el próximo año escolar! |