13: Desvios del Viaje

Enmanuel casi no durmió de la emoción. Lo sentí haciendo cosas con su madre por la casa a las cinco de la mañana cuando los gallos apenas empezaban a cantar. Me dí vuelta en la cama y me dormí de nuevo: teníamos un largo viaje por hacer y yo quería estar lo más descansada posible.

El minibus que alquilamos llegó más de una hora tarde cuando ya nos empezábamos a preguntarnos se llegaría ó no. Pero atamos nuestros colchones y bolsos al techo y estábamos listos para emprender viaje. Ibamos a la isla Ometepe en el lago Coxibolca, en el extremo sur de Nicaragua. La mayoría de mi familia de amigos nicaragüenses nunca había ida a esta parte del país. El transporte es caro y la mayoría de la gente no puede darse el lujo de ir de vacaciones con toda la familia. El viaje era algo especial para todos nosotros. Freddy había arreglado para quedarnos en la casa de su hermana en la isla; Irma, Nolvia y mi amiga Luisa organizaron y prepararon la comida; Patricia y yo alquilamos el minibus; y todos disfrutamos el enorme entusiasmo de los niños.

Me dí cuenta que algo no estaba bien a pocos kilometros al empezar a subir las montañas de Estelí. ¡El minibus iba MUY lento! Me dio ganas de bajarme para correr junto al bus para estirar las piernas y hacer un poco de ejercicio. Aún cuesta arriba, estoy segura que lo podría haberlo hecho. Efectivamente, solo 3 horas después de haber empezado el viaje el motor empezó a echar humo y tuvimos que para en plena ruta. No hay problema, en Nicaragua estamos acostumbrados a ser flexibles con este tipo de cosa. Los autos y buses se rompen a cada rato, y uno simplemente tiene que esperar a que lo arreglan. Pero, ¡que mala suerte de descomponerse al lado de Sébaco donde hacía calor y no había montañas ni sobra!

Era mediodía, así que sacamos nuestro arroz y frijoles para comer a la sombra de un flacuzco jícarl y reirnos del percance. Pasó un solitario vendedorde helado en bicicleta pedaleando bajo el caluroso sol y le compramos paletas pegajosas para comer mientras esperábamos. Al final, nos dimos cuenta que ibamos a tener que empujar el minibus para que arrancara. ¡Ó tal vez lo tendríamos que empujar hasta el mecáncio! Fue muy chistoso estar en fila detrás del gran vehículo empujando casi sin movernos mientras que carros y buses pasaban al lado nuestro rapidísimo. Después de unas horas en el mecánico, volvimos a salir y ... seguimos a paso de tortuga. Aunque el minibus funcionaba de nuevo, teníamos que parar a cada rato para echarle agua para que el motor no volviera a recalentar pero a veces se apagaba y había que bajar y empujar para que arrancara.

Al pasar por el Volcán Masaya ya se estaba poniendo el sol y al llegar a la ciudad colonial de Granada nos había caído la noche. Nuestro plan había sido llegar a Granada un poco después de mediodía para pasear por esta famosa ciudad antes de seguir hacia el sur al pueblo donde ibamos a pasar la noche. Pero ya había oscurecido, nuestro vehículo fallaba y estábamos lejos del destino final del día. ¿Qué pasaría si se descompusiera de nuevo por el camino de noche? No parecía que seguir viaje era una buena idea. Quedarnos en un hotel sería muy caro, asi que teníamos que encontrar donde acampar en Granada.

Afortunadamente nuestros amigos vieron la situación como una aventura. El único lugar donde encontramos para acampar era el parque público en la costa del lago donde paseaba la gente de la ciudad para refrescarse. Le preguntamos a un hombre sentado en un banco si estaba prohibido acampar allí y nos aseguró que no, aunque dudabamos. Armamos campamento a las carcajadas, sin carpas para no llamar tanto la atención y comimos la cena disfrutando de la vista al lago. Nos reimos aún más al acostarnos bajo la luz de los faroles de la calle. Los jóvenes bromeaban que ibamos a salir en la portada del periódico al otro día: "Escandalo - ¡22 ciudadanos de Pueblo Nuevo descubiertos acampando en el parque público con la hija del ex-alcalde!"

Yo apenas había dormido a pesar del calor y los mosquitos cuando el agudo silbato de un policia me despertó. La policia había pasado varias veces por el parque, pero no fue hasta que nos habíamos dormido que decidieron informarnos que no se podía acampar. Me escondí más adentro de mi sobre de dormir para que no me vieran; la casa sería pero se la policia se enterara de que había una "gringa" en el grupo. Era mucho mejor dejar que Freddy se ocupara de esta ya que casi siempre puede arreglar las cosas hablando.

Efectivamente, lluego de explicar la situación con esperanzas de que se compadecieran de nosotros, Freddy logró convencer a los policia que nos dejaran dormir allí. Pero nos pidieron que nos cambiaramos de lugar a donde había menos brisa y más mosquitos. Además, nos dijeron que teníamos que levantar campamento a las 5 para no ser vistos por nadie.

De mañana nos despertamos todos con sueños y picazón. Dimos un paseo rápido por Granada, encontramos los baños públicos y emprendimos viaje. Aún riéndonos de los cuentos que tendríamos para hacer a la vuelta sobre nuestra aventura en Granada, logramos dormia una siesta en el minibus camino a Ometepe.